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Crónica de un marxaire
El que escribe este artículo, puede presumir de ser un consagrado marxaire, ya que no en vano son 17 las veces que ha acometido la Pujada a LLuc con éxito, también hay que decirlo, con muchísimo sacrificio y esfuerzo. Quisiera relatar las vivencias de esta última, ya que quizás a alguien le pudiera ser de utilidad para próximas ediciones y expresar opiniones personales de todo lo que rodea a esta tradición cada día más arraigada entre nosotros. Para más información sobre la marcha, podemos visitar el sitio oficial: http://www.desguellallucapeu.es

En primer lugar, quisiera hacer constar que la hora de salida (las once de la noche) me parece un horario excesivamente tardío. No se sería posible adelantarlo en un par de horas. Recordemos que en 1990 se llegó a rozar las 35.000 inscripciones, y se podrían buscar medidas que pudieran mejorar lo que ya tenemos actualmente. Con un cambio de horario seguramente se animaría muchísima más gente, sicológicamente las once retrae a muchas personas y las deja en casa, y sobre todo se podría evitar que los rezagados llegaran a las cuestas de LLuc a pleno sol, cosa que por propia experiencia les puedo decir que es terrible.

En la página que les cito anteriormente, podrán encontrar toda una serie de consejos prácticos sobre la preparación física, alimentación, ropa, calzado y el ritmo de marcha. Sobre este último aspecto discrepo un poco, ya que no todo el mundo está capacitado para seguirlo. Recordemos que son muchas las personas mayores, mujeres y niños faltos de preparación, y embarcarse en una caminata de 48 Km. no es moco de pavo. Mi humilde consejo es que siga usted el ritmo que le pida su cuerpo, no intente seguir a alguien que tan solo tenga una cadencia de 4 ó 5 pasos por minuto superior a la suya, de lo contrario acabará fundido. Del mismo modo añadiría un par más de consejos. Uno es que lleve las uñas de los pies cortas, de lo contrario se le clavarán en el zapato. Y otro un tanto embarazoso pero vital: unos días antes de la marcha, elimine el exceso de bello de según que partes nobles, supongo que me entiende, demasiado pelo, junto con el sudor, nos producirá rozaduras y quemaduras, quedaremos literalmente como suele decirse “escocidos o escaldados”. Por último será necesario hidratar con alguna crema o vaselina estas mismas partes nobles antes de la marcha. Debemos concienciarnos de que un trayecto de casi 50 Km. hará mella en nuestro organismo por mucha preparación que tengamos (a excepción hecha de atletas), y que por muy veteranos que seamos en este evento, siempre aprenderemos algo nuevo en cada edición.

Bueno, pues nos ponemos en marcha, y salimos de la plaza des Güell (debo de confesar que me he “escapado” un poco antes) ya que quiero tomármelo con tranquilidad para hacer algunos apuntes e ir preparando este artículo. Vamos haciendo camino y lo primero que nos damos cuenta es lo descuidado que están los torrentes y arcenes de la carretera. Una verdadera pena. La noche parece que se presenta fresquita (18-20 grados), cosa que agradeceremos sobremanera los caminantes. A lo largo del recorrido nos encontraremos a todo tipo de gente: personas ya mayores, grupos de jóvenes, mujeres y niños, incluso algún bebe en su cochecito, gente acompañada de sus mascotas, grupos de extranjeros, personas que avanzan concentradas en silencio y con un profundo respeto, con el único objetivo en mente de que tienen que llegar en cumplimiento a una promesa hecha... Si usted ha hecho alguna vez esta marcha, creo que se identificará conmigo: tampoco faltan los “cap de faves”, irrespetuosos e incívicos, y también algún borrego. Aunque están expresamente prohibidas por la organización, encontraremos numerosas bicicletas.

La noche se hace eternamente larga, y hay mucho tiempo para pensar. Créame que se piensan muchas tonterías. En un momento dado me fijé en la luna, una luna plena, hermosa, que a veces quedaba oculta por unas nubes de color rojizo anaranjado, y me hizo recordar la marcha de 2006, con aquella especie de diluvio universal y tormenta de aparato eléctrico que parecía el fin del mundo. Me pilló subiendo ya las cuestas, sin poder volver atrás y sin ningún lugar donde poder cobijarse. Creo que en mi vida pasé más miedo. Afortunadamente esta vez el cielo estuvo con los marxaires. Decía lo de las tonterías porque la luna llena me hizo recordar un videoclip del tristemente desaparecido Michael Jackson, video que visualice en repetidas ocasiones el otro día. Para mi es sin duda alguna el mejor videoclip de la historia, el “Thriller” (el de los zombies que bailan). Luna llena, oscuridad, ruido de pasos que se acercan por detrás y sombras que se te echan encima con la intención de devorarte. Ya lo tienes a tu altura, miras de reojo y no puedes evitar encoger el cuello. ¡¡UUffff!!....simplemente es una señora que te pasa comiendo un cocarroi y te dice ¡Venga vamos que ya queda poco!

Caminar en la oscuridad supone activar los demás sentidos. Encontraremos toda una orgía de olores que se entremezclan entre si. Será frecuente ir por el arcén y percibir el nauseabundo olor que desprende algún animal muerto y que se dejó la vida en la carretera. En alguna urbanización o pueblo, agradables perfumes de plantas o arbustos que no sabría identificar, proveniente de chalets o plantas bajas. El característico olor a depuradora junto a la cementera de Lloseta. El inconfundible olor a “réflex” del que se impregnan los caminos. El sano y penetrante olor a bosque y pino…etc.

Lo mismo podemos decir de los sonidos. Es la noche en la que los perros de Mallorca se revelan. Nada más salir del Pont d’Inca empieza el concierto de ladridos, como si quisieran avisarse entre ellos, avisando a sus amos de que algo extraño está pasando, defendiendo su territorio ante figuras extrañas, primero es el Ca Rater el que abre las hostilidades, y luego el grandullón el que te hace acelerar el paso. Buen trabajo chicos. No será el único tipo de sobresalto que nos llevemos. En ocasiones oiremos ruidos entre los matorrales, y pensaremos, ¿será un conejo?, ¿será un gato?...pues lo más probable es que sea una rata como un piano. No faltarán los sonidos de aves nocturnas, (perdonen mi ignorancia, pero uno es de Ciutat y tampoco sabría identificarlas), aunque posiblemente sean búhos o mochuelos. Y el canto del gallo, ese mismo gallo de cada año que en las primeras cuestas se empeña en desperezar al ya fatigado caminante. Pero también hay un sonido especial, como decía Robert Graves: “el ruido de las ovejas por las noches”. Caminar bajo un cielo estrellado, percibiendo el campanilleo de los cencerros y un balido lejano es una experiencia única e inolvidable. Tan solo por este simple hecho ya merece la pena la caminata.

Una de las cosas que me llaman la atención es el efecto de la crisis que padecemos, y vemos bares y restaurantes del recorrido menos frecuentados que en otros años. Ya hemos dejado atrás los pueblos de Sta. María y Consell. Vamos haciendo camino, prácticamente sin novedad hasta llegar a Binissalem, llevamos ya unos 22 Km., y es precisamente este trozo de trayecto el que se ha encargado de ir “calentándote” las plantas de los pies, bajo el roce del asfalto aún caliente. Saliendo de esta localidad vinícola observamos al poco la monstruosa silueta luminosa de la cementera de Lloseta. Sin duda un punto de referencia. Andamos, andamos y andamos y no hay manera de acercarse a ella. Parece que se ríe de nosotros. Tras un buen rato de resignación logramos darle alcance, y al sobrepasarla le escuetas un: ¡Ahí te quedas monstruo del averno!

Unos pocos metros antes de llegar a Lloseta, localidad donde realizaremos la primera parada estratégica, un grupo de jóvenes me da alcance justo en la cuestecilla que desemboca en el pueblo. Es un grupo de 6 ó 7 chavales de entre 15 y 17 años. Jóvenes, altos, fuertes y llenos de vitalidad, vienen riendo, saltando y medio corriendo. Uno se me acerca y entabla conversación: ¿tú de donde vienes tío?, me pregunta, de Palma le contesto. Ellos también han salido de Palma y son novatos, es la primera vez que suben a Lluc. Como mi ritmo es muy lento para ellos, se despiden con un sprint al final de la cuesta. ¡Como corren! Al más rezagado le aconsejo que dosifiquen sus fuerzas, y ya algo alejado me contesta algo así como que son “toros bravos”. Bueno, pues suerte chicos, arriba nos vemos.

Por fin ya estamos en Lloseta, lugar estratégico para mí. Hay que hacer una parada nunca superior a 15 ò 20 minutos. Entro en el bar de siempre y pido una Coca-Cola y una botella de agua, que me sirven casi a regañadientes, ya que están cerrando. Precavido que es uno, saco unos bocadillos de la mochila que devoro con avidez, hay que reponer fuerzas y no hay mucho tiempo. Hace unos minutos que me quite el calzado y calcetines, tengo los pies en alto y aireándolos para secar el sudor. Se agradece ese instante. Es necesario sustituir los calcetines y secar bien los pies, de lo contrario el sudor y la humedad nos agrietará las plantas, facilitando con ello la salida de ampollas. Reemprendo la marcha con bastante dificultad, y tendrán que pasar varios minutos hasta que vuelva a coger un ritmo aceptable. En el corto periodo de tiempo que he parado a reponer fuerzas la cosa se ha animando bastante, aparecen caminantes por todos los sitios, hasta debajo de las piedras, y el hecho tiene una explicación, ya que muchos marxaires se apuntan a la fiesta desde sus lugares de residencia, es decir, desde los pueblos por los que pasa el recorrido. Saliendo ya de Lloseta y a 1 Km. aproximadamente de distancia, llegamos al pequeño llogaret de Biniamar, un precioso pueblecito de piedra natural que acrecenta aún más si cabe su belleza bajo la tenue luz de unas farolas.

Seguimos nuestro camino y llegamos a Selva, donde realizamos otra parada estratégica, muy corta, apenas 5 ó 10 minutos, el tiempo necesario para tomar una fruta y volver a realizar la operación “cambio de calcetines”. Insisto en este hecho, pero es necesario secar bien la planta del pie. De nuevo en pie para proseguir la marcha, vemos a mucha gente tumbada en la explanada del avituallamiento, que presentan serias dificultades físicas, y es que no es bueno parar demasiado tiempo, quizás algunos de estos marxaires no lleguen esta año a LLuc. Menudo negocio el de las farmacias, seguro que muchas de ellas terminaron con sus existencias de “Reflex”, se huele en el ambiente. Vamos restando kilómetros y una tortuosa bajada nos lleva hasta el pequeño pueblecito de Caimari, el último del camino. Ya no hay paradas que valgan, llevamos unos 36 Km. y nos adentramos en el interior de las montañas. Dejamos la última casa de Caimari y la visión de la primera rampa es desoladora. Vemos un cartel indicador que nos dice que quedan 10 Km. para llegar a Lluc. Y pienso que en este día deberían de quitarlo. Te preguntas que puñetas haces otra vez ahí, piensas en los pecados cometidos durante el año y dices: “Que Dios me pille confesado”. Intentas abstraer la mente y hacer camino, curva a la derecha, curva a la izquierda, ya solo quedan 9 Km., 8, 7…

Pasaremos por un paraje de excepcional belleza, aún oculto por la obscuridad de la noche: el “Salt de la Bella Dona”, y donde cuenta una vieja leyenda el como un hombre arrojó a su fiel y honrada esposa por el barranco en un injustificado ataque de celos.

Leyenda del Salt de la Bella Dona: http://www.paraisobalear.com/details.php?image_id=2231

Me detengo aquí un momento a contemplar el paisaje, y no dejo de felicitarme por la maravillosa isla que tenemos, desconocida incluso para muchos mallorquines. Muchos detalles solo pueden ser percibidos practicando el senderismo, recorriendo sus caminos, y aquí tenemos muchos, por eso aprovecho la ocasión para decir bien alto: ¡¡LA SERRA DE TRAMUNTANA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD YA!!

…6, 5 Km. Estamos más o menos a mitad de cuesta. Y me viene otra vez a la cabeza el mítico Michael Jackcson. Sombras alargadas en la penumbra que deambulan de un lado a otro de la carretera, como si fueran zombis, pero no, son peregrinos ya exhaustos, que andan porque tienen que andar, como autómatas. También hay gente en los recodos, tumbadas ya sin fuerzas, y cuál es mi sorpresa cuando descubro en este estado a un grupo de chavales, son los “toros bravos” que alardeaban de su condición en Lloseta. Me paro un momento y les saludo, y bueno, pues suerte chicos, arriba nos vemos. Uno de los momentos emotivos llega cuando pasamos cerca de donde un soldado falleció en acto de servicio, en esta subida anual que los palmesanos realizamos a Lluc, hace ya unos años. Un recuerdo para él.

….4,3,2,1 Km., evitaremos la crónica de estos interminables y fatigosos kilómetros. Se han abierto los primeros rayos de luz y estamos muy cerca de la gasolinera del cruce Pollença – Sóller. ¡Que alivio! Estamos a punto de conseguirlo, y cuando llegamos a dicho cruce un control de la organización nos aconseja tomar un atajo. Es un poquito más corto que si fuéramos por la carretera asfaltada, y al igual que esta es cuesta abajo. Casi nada. Tenemos el cuerpo habituado a empujar en las cuestas, y ahora en la bajada debemos retener, parece una tontería, pero es aquí cuando me doy cuenta que tengo ampollas en la planta del pie. Es igual, si hace falta llegaremos rodando. El atajo es un río de gente y ya hay más claridad. El paisaje de las montañas es espectacular, sublime. Ya se divisa el monasterio, pero antes pasamos por el camping, donde hay varias tiendas de campaña ancladas. Todavía duermen. Estamos a escasos metros de nuestro objetivo y en un arrebato de orgullo aceleramos el paso sin saber muy bien porque, intentando que no nos vean llegar muy “tocado”, cosa harto difícil de disimular. Son 17 ya los años que llegamos, y sientes la misma emoción que la primera vez, la piel se te pone de gallina y no puedes evitar que una lágrima se te escape.

Luego el ritual siempre es el mismo, te tiras en la hierba un rato, refrescas los abrasados pies en la fuente, haces unas fotos y pides en el bar un Laccao y una deliciosa “coca de patata”. La recogida del diploma lo dejamos para lo último, no es una competición y tanto me da que en la hora de llegada pongan las 7 ò las 9. Nos queda ir a visitar a la Mare de Deú, y nos dirigimos a la capilla. El silencio dentro es sepulcral aún y cuando son varias las personas que están sentadas en los bancos. Miro de reojo para descubrir que la mayoría están rezando, y una mujer que está a mi lado deja escapar unas lágrimas de emoción. Y es que hoy estamos sensibles, miro detenidamente a la pequeña imagen de la Virgen tras su cristal, y no puedo evitar de nuevo que la piel se ponga de gallina. Hay un libro de “dar gracias” a la Virgen, firmamos en él y silenciosamente nos dirigimos a la salida.

Leyenda de la Mare de Deú de Lluc: http://www.paraisobalear.com/details.php?image_id=2230

Recogemos ahora si el diploma y me dirijo a coger el autocar que nos dejará en Inca. Antes paso por un sitio donde en unas camillas, un grupo de fisioterapeutas ofrecen masajes de relajación y estiramientos a los agotados peregrinos, me da la tentación, pero hay lista de espera y prefiero ir raudo hacia el autocar. Esta vez ha habido suerte, no hay que esperar y hay autocares dispuestos, ¡No me lo puedo creer!

Casi sin darnos cuenta y entre alguna cabezada, nos hemos plantado en Inca, donde cogemos el tren que nos llevará a Palma. Mis sospechas no eran fundadas y muchos marxaires se van apeando en las estaciones de Lloseta, Binissalem, Consell, etc. El trayecto finaliza en la Plaça de Espanya. En este momento estoy bastante recuperado, y aún me veo con fuerzas de realizar el trayecto a casa (en Es Fortí) a pie.

Una vez en casa comentas a la familia y amigos que este ha sido el último año que vas a Lluc. El lunes por la mañana, cuando te levantas, ya esperas con ansiedad la próxima edición porque sabes que allí estarás, y es que esta marcha tiene algo especial, solo así puede entenderse como año tras años miles de valientes marxaires se adentran en el corazón de una montaña en busca de un ansiado diploma.

Hay que hacer constar, que este año miembros de la organización y varios marxaires portaban crespones negros, en señal de duelo por el vil atentado perpetrado en el cuartel de Palmanova. Un bonito detalle.

Por último, justo es agradecer a todos aquellos que con su colaboración han hecho posible el desarrollo de esta marcha: voluntarios, colaboradores, patrocinadores, fuerzas de seguridad y miembros de la organización. Una organización que este año se ha superado, y de las mejores que recuerdo. ¡Enhorabuena a todos y hasta el año que viene!




Juan Carlos Cantero.

Enviado por juankar (09.08.2009 13:44)



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